Las necesidades psicológicas cambian con el tiempo
Las necesidades psicológicas no permanecen estables a lo largo del proceso. Cambian.
Mientras la amenaza sigue presente, gran parte de los recursos de la persona están dirigidos a responder a lo inmediato. Sobrevivir, proteger a los demás, tomar decisiones o adaptarse a una realidad que cambia por momentos deja poco espacio para elaborar lo ocurrido. Eso no significa que el impacto psicológico no exista. Significa que el organismo tiene otras prioridades.
Con el paso de los días o las semanas empiezan a aparecer necesidades diferentes. Muchas personas toman entonces conciencia de la magnitud de lo ocurrido o descubren que la ansiedad, la culpa o las dificultades para dormir persisten cuando la situación objetiva ya ha cambiado. No se trata de fases rígidas ni de una secuencia que todas las personas recorran de la misma manera. Se trata de comprender que las necesidades psicológicas evolucionan, igual que lo hace la propia situación.
El impacto también alcanza a quienes están lejos
Este proceso no afecta únicamente a quienes han vivido la catástrofe en primera persona. También alcanza, desde una realidad completamente distinta, a familiares que viven en otros países, a personas que permanecen durante días sin noticias de los suyos o a quienes siguen organizando su vida desde España mientras una parte importante de su mundo continúa desarrollándose en el lugar afectado.
Las experiencias no son comparables y es un error tratarlas como si lo fueran. Sin embargo, comparten algunos procesos psicológicos que merecen atención. La incertidumbre prolongada, la sensación de impotencia, la imposibilidad de ayudar directamente o la necesidad de mantener una vigilancia constante sobre lo que está ocurriendo pueden convertirse en fuentes importantes de desgaste emocional, incluso cuando no ha existido una exposición directa al peligro.
La incertidumbre mantiene el estado de alerta
Una de las dificultades de estas situaciones es que las personas suelen preguntarse si lo que están sintiendo "es normal". La respuesta depende menos de la intensidad de la reacción que del momento en el que se encuentra cada una y de las circunstancias que está viviendo. No responde igual quien ha tenido que huir de su casa, quien desconoce todavía el paradero de un familiar o quien intenta continuar con su vida en España mientras permanece pendiente, casi de forma permanente, de las noticias que llegan desde su país de origen.
La incertidumbre merece una atención especial. Desde la psicología sabemos que la incertidumbre prolongada constituye una de las experiencias más difíciles de regular porque mantiene abierto el sistema de amenaza. Cuando no existe una respuesta clara —si una persona está a salvo, si podrá regresar a casa, si volverá a ver a sus seres queridos o cuándo terminará una situación excepcional— resulta muy difícil que el organismo reduzca el estado de alerta. La necesidad de consultar constantemente las noticias, revisar el teléfono o buscar información una y otra vez suele responder precisamente al intento de recuperar una sensación de control que, en ese momento, apenas existe.
Vivir entre dos realidades
Quienes permanecen lejos suelen enfrentarse, además, a una experiencia especialmente difícil: la sensación de que la vida continúa aquí mientras se ha detenido allí. Esa distancia no solo genera preocupación. También modifica la manera de relacionarse con el día a día.
Hay decisiones que dejan de parecer importantes, conversaciones que cuesta sostener, momentos de disfrute que generan culpa o una dificultad constante para sentirse realmente presente en aquello que se está haciendo. No porque la persona quiera vivir pendiente de la catástrofe, sino porque una parte de ella sigue organizada alrededor de lo que ocurre a miles de kilómetros.
Cuándo conviene buscar apoyo psicológico
Este tipo de reacciones no indican necesariamente la presencia de un trastorno psicológico. En la mayoría de los casos forman parte de la respuesta esperable ante una situación extraordinaria. Sin embargo, conviene prestar atención a su evolución. Cuando el estado de alerta se mantiene durante semanas, la ansiedad aumenta, aparecen dificultades importantes para dormir, la sensación de amenaza no disminuye o la persona empieza a perder capacidad para desenvolverse en su vida cotidiana, puede resultar recomendable solicitar apoyo psicológico .
Ese acompañamiento tampoco persigue los mismos objetivos en todos los momentos. Durante la emergencia suele orientarse a favorecer la regulación emocional, facilitar la toma de decisiones y fortalecer los recursos disponibles para afrontar una situación de enorme exigencia. Más adelante, cuando la realidad empieza a estabilizarse, el trabajo suele dirigirse hacia otros aspectos: elaborar las pérdidas, reconstruir la sensación de seguridad, integrar lo vivido y adaptarse a una realidad que, en muchos casos, ya no volverá a ser la misma.
Comprender el tiempo psicológico para acompañar mejor
La atención psicológica no debería entenderse únicamente como una intervención de urgencia. Las consecuencias emocionales de una catástrofe no siguen un calendario único ni aparecen todas al mismo tiempo. Igual que las necesidades materiales cambian a medida que avanza la recuperación, también cambian las necesidades psicológicas. Comprender esa evolución permite ofrecer una ayuda más ajustada y respetuosa con el momento que atraviesa cada persona.
Desde Iterias queremos trasladar nuestro apoyo a todas las personas que están viviendo esta situación, tanto a quienes se encuentran directamente afectados como a quienes la atraviesan desde la distancia con la preocupación constante por sus seres queridos. Nuestro reconocimiento también a los profesionales y voluntarios que, desde distintos ámbitos, están acompañando a la población en un momento de enorme complejidad.