Dos figuras representando a dos personas hablando
Autoconocimiento y crecimiento personal
18 junio, 2026 5 min.

Tipos de comunicación: pasiva, asertiva y agresiva

La forma en que nos comunicamos influye directamente en nuestras relaciones personales y profesionales. A la hora de expresar opiniones, necesidades o emociones, solemos adoptar distintos estilos de comunicación que pueden facilitar el entendimiento o generar conflictos. Entre los más comunes se encuentran la comunicación pasiva, la asertiva y la agresiva, cada una con características y consecuencias diferentes que conviene conocer para mejorar nuestras interacciones diarias.

¿Qué tipos de comunicación existen?

Existen tres estilos comunicativos principales que solemos emplear en nuestras relaciones. Conocerlos y comprenderlos puede resultar de gran ayuda para mejorar nuestra forma de comunicarnos:

1. Comunicación pasiva

Tiende a colocarnos en una posición de sumisión. Nos cuesta expresar lo que realmente sentimos o necesitamos, evitamos el conflicto y tenemos dificultades para poner límites claros, lo que suele llevar a una complacencia excesiva. A largo plazo, este estilo comunicativo puede generar frustración, malestar y resentimiento hacia los demás.

2. Comunicación agresiva

Por el contrario, nos sitúa en una posición dominante. Nos expresamos de forma brusca, despectiva u hostil, utilizando reproches, acusaciones o un tono elevado. Aunque en un primer momento puede parecer eficaz, este estilo suele dañar los vínculos y poner en riesgo nuestras relaciones personales.

3. Comunicación asertiva

Nos permite colocarnos en un plano de igualdad con nuestro interlocutor. Implica ser capaces de expresar opiniones, sentimientos y necesidades de forma clara, honesta y respetuosa, teniendo en cuenta tanto nuestras propias necesidades como las del otro. De esta manera, el mensaje llega, la comunicación fluye y se minimiza la probabilidad de que alguna de las partes se sienta atacada, invalidada o menospreciada.

Comunicación asertiva verbal y no verbal

La comunicación asertiva no se transmite únicamente a través de las palabras, sino también a través de lo que denominamos lenguaje no verbal. Las siguentes señales juegan un papel fundamental en cómo el mensaje es recibido:

  • Tono de voz
  • Ritmo al hablar
  • Postura corporal
  • Contacto visual
  • Gestos

Una comunicación verbal clara, directa y respetuosa, acompañada de una comunicación no verbal coherente (postura abierta, tono firme pero calmado, expresión facial congruente), refuerza el mensaje y aumenta la probabilidad de que el otro lo escuche sin ponerse a la defensiva. Cuando existe incongruencia entre lo que decimos y cómo lo decimos, el mensaje pierde fuerza y puede generar confusión o malestar.

¿Se puede aprender, practicar y mejorar la asertividad?

Lo más importante, si te identificas con dificultades para emplear un estilo comunicativo adecuado, es saber que la asertividad es una habilidad social que se puede aprender. A través de la práctica consciente en el día a día, es posible ganar fluidez, seguridad y facilidad a la hora de expresarnos.

En muchas ocasiones, el entrenamiento en habilidades sociales y la mejora de la comunicación interpersonal se convierten en un eje central del proceso terapéutico, permitiendo relaciones más sanas, equilibradas y satisfactorias.

Veamos un ejemplo de comunicación asetiva

Por fin, tras semanas de interminables negociaciones entre las cuatro, hoy es el día en el que todas podéis sacar ese ratito entre trabajo y familia para disfrutar de una cenita entre amigas. Cada vez os cuesta más.

Hace una noche fría, a ratos llueve, y ahí estáis las de siempre, plantadas ante la puerta del restaurante: de pie, paraguas en mano, con el cansancio acumulado de todo el día… pero con toda la actitud.

Los minutos van pasando y, para variar, Carmen no llega. Os vais impacientando y empezáis a sentiros mal. Hay cosas que nunca cambian: parece que su tiempo vale más que el de las demás. Lucía y tú no paráis de mirar el reloj y de hacer comentarios entre vosotras, cargando el ambiente de una tensión que amenaza con explotar en cuanto Carmen aparezca girando la esquina con su sonrisa despreocupada.

Empieza a entristecerte y a preocuparte la idea de que la cena se vea empañada por vuestro malestar, pero tampoco quieres hacer como si nada. Te das cuenta de que te encuentras en situaciones como esta en innumerables ocasiones: cuando algo te molesta y no eres capaz de expresarlo sin ponerte demasiado agresiva; cuando te piden un favor que no te viene bien hacer, pero aun así aceptas de mala gana; cuando necesitas ayuda con algo, pero no eres capaz de pedirla por no molestar.

Mientras estás absorta en estos pensamientos, llega Carmen corriendo, alegre y sonriente:

“Chiiiiiicas, perdón, he salido tarde de clase de yoga, he pasado por casa a arreglarme y los niños…”

Su voz se pierde entre besos y abrazos mientras os saluda como si no pasara nada.

“Bueno, bueno… ¿y esas caras? ¡Cualquiera diría que no tenéis ganas de verme!”

En ese momento, cuando crees que todo va a explotar y que vais a montar un numerito en plena calle, un aura resplandeciente parece iluminar a Verónica. Con un gesto cariñoso pero firme, toma a Carmen de las manos y empieza a hablar:

“Querida, nos moríamos de ganas de verte. Nos ha costado mucho encontrar un día para reencontrarnos las cuatro, y todas hemos hecho un gran esfuerzo por sacar tiempo de donde no lo tenemos para disfrutar de este ratito.”

Dice con una sonrisa. Entonces su gesto se endurece ligeramente y sus manos se vuelven más firmes:

“Pero llevamos un buen rato esperándote y estamos cansadas y con frío. Así que, para la próxima reunión, esperamos que seas la primera en llegar… a menos que tengas una muy buena excusa.”

Añade con un guiño, dejando claro que no hay mala intención en sus palabras. Carmen reacciona enseguida y se disculpa:

“Llevas toda la razón. Ya sabéis que siempre me ha costado la puntualidad y, con los años, voy a peor. Lo siento muchísimo, chicas. La próxima vez lo tendré muy en cuenta. Y ahora, para compensaros, os invito a la primera ronda. ¿Entramos ya? Tengo muchas ganas de que me pongáis al día de vuestras cosas.”

Cuando os dais la vuelta para entrar al restaurante, te das cuenta de que Verónica lleva puesto un traje de superheroína con una capa en la que se puede leer: SÚPER-ASERTIVA.

¡Eso es! ¡La asertividad!

Foto de María Richart
Firmado por María Richart Psicóloga general sanitaria