Qué es la ansiedad: entenderla y recuperar el equilibrio

“Tengo ansiedad” es una frase que cada vez más ha pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano. La escuchamos en conversaciones con amigos, en el trabajo o para describir cómo nos sentimos en determinados momentos pero, realmente, ¿qué es la ansiedad?

No siempre tenemos claro qué implica realmente. A veces la utilizamos para hablar de estrés, de preocupación o de estar desbordados, sin distinguir bien qué hay detrás de esa sensación. En los últimos años, la ansiedad se ha ido instalando en nuestro día a día, especialmente en un mundo que no se detiene, generando dudas, inquietud y, en muchos casos, malestar. Pero ¿cuándo es la ansiedad algo normal y cuándo conviene prestarle más atención?

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes, así pues, es un mecanismo de supervivencia. Nuestro cerebro activa un conjunto de reacciones físicas y mentales que nos preparan para actuar en forma de lucha o huida.

De hecho, un cierto nivel de ansiedad puede incluso jugar a nuestro favor: nos mantiene en alerta antes de un examen, nos ayuda a reaccionar ante un peligro o una situación inesperada, y nos motiva a prepararnos para un evento importante, como una entrevista de trabajo, una primera cita o una presentación.

Así pues, la ansiedad es una forma en la que el cuerpo intenta protegernos. El problema aparece cuando ese sistema de alarma se mantiene encendido demasiado tiempo o se activa con demasiada facilidad, incluso cuando no es necesario.

Síntomas más comunes de la ansiedad

La ansiedad puede manifestarse de varias formas, y no todas las personas la experimentan igual. Sin embargo, hay una serie de síntomas que son más habituales:

  • Sensación de nerviosismo o inquietud constante
  • Dificultad para concentrarse
  • Palpitaciones o aumento del ritmo cardíaco
  • Tensión muscular
  • Problemas para dormir
  • Pensamientos repetitivos o catastróficos
  • Sensación de falta de aire
  • Fatiga sin causa aparente

A veces, estos síntomas pueden aparecer de forma repentina e intensa, como ocurre en los ataques de pánico, donde la sensación de miedo o malestar alcanza su punto máximo en cuestión de minutos. Otras veces, en cambio, la ansiedad se mantiene de forma constante y silenciosa, acompañando el día a día sin llegar a ser tan evidente, pero generando malestar, agotamiento y un desgaste importante.

¿Por qué sentimos ansiedad?

La ansiedad no tiene una única causa. Lo más habitual es que aparezca como resultado de varios factores que se combinan e interactúan entre ellos.

Por un lado, puede haber una predisposición biológica que hace que algunas personas sean más sensibles al estrés. Por otro, influye mucho nuestra forma de pensar: la autoexigencia, el perfeccionismo o la tendencia a anticipar negativamente el futuro pueden aumentar esa sensación de alerta constante.

También el entorno tiene un papel importante. El ritmo de vida actual, las responsabilidades diarias, la presión laboral, las preocupaciones económicas o incluso el exceso de información pueden hacer nos sintamos en un estado de activación continuo.

¿Cuando es necesario buscar ayuda profesional?

Sentir ansiedad de forma puntual es algo habitual. Sin embargo, cuando deja de ser algo pasajero y empieza a ocupar demasiado espacio en tu vida, conviene prestarle atención.

Buscar apoyo puede ser importante cuando la ansiedad:

  • Interfiere en tu rutina diaria
  • Condiciona tus decisiones
  • Te lleva a evitar situaciones por miedo
  • Genera síntomas físicos cada vez más intensos o frecuentes

Muchas veces se pide ayuda en este momento, cuando el cuerpo ya ha estado avisando durante un tiempo de que algo no va bien y nos manda señales para avisarnos de que ya ha “llegado al límite” y se comunica con nosotros para que encontremos una solución. Esto sucede cuando estamos acostumbrados a ignorar lo que necesitamos y atender a todo aquello que se nos pide, a nuestro cuerpo no le dejamos otra opción.

Conviene tener en cuenta estar pendientes también de si aparece la sensación de estar desbordado y sin recursos para manejar lo que estás sintiendo. A veces, incluso puede afectar al descanso, a la concentración o a las relaciones personales, generando un desgaste que no siempre es fácil de identificar al principio.

En estos momentos, pedir ayuda no solo es recomendable, sino que puede marcar un punto de inflexión. Acudir a terapia nos permite disponer de un espacio seguro para entender lo que está ocurriendo, ponerle nombre a lo que estamos sintiendo y aprender herramientas para gestionarlo. No se trata de “aguantar” o de esperar a que pase, sino de abordar la situación con acompañamiento profesional .

Hablar con un psicólogo no es una señal de debilidad, sino un paso de cuidado hacia uno mismo. Es reconocer que algo está afectando a tu bienestar y decidir hacer algo al respecto antes de que se haga más grande o difícil de manejar.

Terapia psicológica para la ansiedad

La terapia psicológica es una de las herramientas más eficaces para abordar la ansiedad. Con el acompañamiento adecuado, puedes llegar a reducir de forma significativa el malestar y recuperar poco a poco la sensación de control y bienestar en tu vida.

Trabajar con un profesional no se basa únicamente en hablar de lo que nos ocurre, sino en entender en profundidad qué está pasando y por qué. A partir de ahí, es posible empezar a construir cambios.

En un proceso, un psicólogo puede ayudar a:

  • Identificar patrones de pensamiento que mantienen la ansiedad
  • Entender el origen y los factores que la están “alimentando”
  • Aprender técnicas adaptadas a la situación individual para gestionarla en el día a día
  • Ayudar y acompañar de forma progresiva a las situaciones que se están evitando por miedo

La idea no es eliminar las emociones difíciles, sino aprender a manejarlas de una forma más saludable y funcional.

En definitiva, no se trata solo de “hablar”, sino de adquirir herramientas prácticas que nos permitan afrontar el día a día con más calma, seguridad y confianza.

¿Se puede eliminar la ansiedad?

Aquí va una verdad importante: la ansiedad no se elimina por completo, y no debería hacerlo, ya que como hemos dicho al principio, nos protege y nos impulsa en otras situaciones.

Como vimos al principio, es una respuesta natural y necesaria. El objetivo no es hacerla desaparecer, sino aprender a gestionarla para que nos controle la vida. Se trata de pasar de sentir que la ansiedad nos domina a sentir que podemos convivir con ella sin que nos limite.

Ansiedad y bienestar emocional: el camino hacia el equilibrio

La ansiedad forma parte de la experiencia humana. En pequeñas dosis, nos protege. Pero cuando se desborda, puede hacernos sentir atrapados en nuestra propia mente.
La buena noticia es que no estás solo/a en esto, y que existen herramientas, recursos y profesionales que pueden ayudarte a recuperar el equilibrio.

Aprender a convivir con la ansiedad no significa resignarse, sino desarrollar una relación más consciente y amable con uno mismo. Porque, al final, no se trata de dejar de sentir… sino de aprender a sentir sin que eso nos paralice.

Foto de Laia Julià
Firmado por Laia Julià Psicóloga general sanitaria

¿Tu trabajo invade tu vida personal? Cómo poner límites en el trabajo

Aprender cómo poner límites en el trabajo es clave para el panorama laboral actual, ya que el éxito suele estar estrechamente vinculado a una cultura de disponibilidad constante.

Señales de que el trabajo está afectando a tu vida personal

Para muchos profesionales jóvenes, con alta implicación y compromiso, es fácil cruzar un límite invisible donde la motivación inicial se convierte en agotamiento. Identificar estas señales a tiempo es clave para proteger tu salud mental:

  • Sientes ansiedad cuando recibes notificaciones fuera del horario laboral
  • Te cuesta desconectar y sigues pensando en el trabajo en tu tiempo libre
  • Experimentas rumiación constante sobre tareas pendientes
  • Tienes la sensación de estar “siempre disponible”
  • El descanso no te permite recuperar energía mental

En consulta, observamos a diario cómo esta falta de límites no es solo un problema de organización, sino un desafío de salud mental que requiere herramientas psicológicas específicas. No se trata únicamente de gestionar mejor el tiempo, sino de proteger tu bienestar en un entorno que premia la hiperconectividad por encima de la salud emocional.

Estrés laboral en España y Europa: realidad creciente

Las cifras actuales en nuestro entorno son reveladoras. Según investigaciones recientes de 2024 y 2025, el 29% de los trabajadores de la Unión Europea sufre de estrés, depresión o ansiedad vinculados a su puesto de trabajo. En España, la situación es especialmente crítica: en 2024 se registró un máximo histórico de 671.618 bajas laborales por trastornos mentales y problemas emocionales, lo que supone un incremento del 136% respecto a los datos de 2016.

Este fenómeno afecta con mayor intensidad a las generaciones más jóvenes. Un estudio de SD Worx (2025) realizado entre empleados europeos muestra que el 41% de los jóvenes menores de 35 años en España se siente presionado a trabajar incluso cuando está enfermo. Además, existe una brecha de género significativa: los datos de Fad Juventud (2025) indican que el 39,5% de las mujeres jóvenes en España declaran sufrir estrés continuo por motivos laborales o académicos, frente al 17,8% de los hombres.

Esta vulnerabilidad no se debe a una falta de capacidad, sino a una combinación de factores socioeconómicos y la llamada "pasión obsesiva": la tendencia a vincular el valor personal casi exclusivamente a los logros profesionales.  

¿Qué diferencias hay entre el eustrés y el distrés en el trabajo?

Como psicólogo, suelo explicar a mis pacientes que no todo el estrés es intrínsecamente negativo. El concepto de eustrés (estrés positivo), desarrollado por Richard Lazarus, se refiere a esa activación necesaria que nos ayuda a estar enfocados y creativos ante un reto. Es la energía que nos permite rendir bajo presión en un proyecto motivador y que, al finalizar, nos deja una sensación de satisfacción.

El peligro surge cuando esa presión no cesa y se convierte en distrés (estrés negativo). El distrés aparece cuando las demandas del entorno superan nuestros recursos de afrontamiento. En lugar de activarnos, nos bloquea. Si este estado se mantiene de forma crónica, el cuerpo permanece en alerta fisiológica constante, inundando el sistema de cortisol y provocando fatiga persistente, insomnio y una irritabilidad que acaba erosionando nuestra vida fuera de la oficina.  

Las 2 formas de gestionar los límites laborales (Teoria de Fronteras)

Para recuperar el control, la psicología del trabajo propone la Teoría de Fronteras (Boundary Theory). Este marco sugiere que cada persona gestiona los límites entre sus roles de 2 maneras distintas:

  • Segmentación: aquellas que necesitan separar rígidamente ambos mundos (por ejemplo, no tener el correo laboral en el teléfono personal).
  • Integración: aquellas personas que prefieren que ambos roles se mezclen de forma flexible (por ejemplo, atender asuntos personales durante el día y compensarlo trabajando un poco más tarde).

El malestar psicológico suele aparecer cuando existe un desajuste entre nuestra preferencia natural y la exigencia de la organización. Si eres un "segmentador" pero trabajas en un entorno que exige integración total, el riesgo de conflicto y agotamiento aumenta drásticamente. Identificar tu perfil es el primer paso para establecer límites que realmente funcionen para ti.

Los 3 pilares para establecer límites en el trabajo saludables

Poner límites no es un acto de desapego laboral, sino una estrategia de sostenibilidad profesional. Aquí te presento tres áreas de acción basadas en la evidencia clínica:

  • 1. Establecer límites de horario y rituales de desconexión: Establecer una hora de cierre es vital, pero el cerebro necesita señales físicas de que la jornada ha terminado. Implementar "rituales de cierre" ayuda a la transición mental. Puede ser algo tan sencillo como cerrar todas las pestañas del navegador, ordenar el escritorio o realizar una pausa de 10 minutos sin pantallas antes de retomar tu vida personal. Los estudios demuestran que estos breves periodos de desconexión reducen la carga mental y mejoran la recuperación emocional.
  • 2. Aprende a decir no en el trabajo (asertividad): La asertividad es la capacidad de comunicar necesidades de forma clara y respetuosa, defendiendo tus derechos sin someterte a los demás. En el trabajo, esto implica negociar cargas excesivas de forma constructiva.  
    *Guion de práctica: "Aprecio que cuentes conmigo para esta tarea. Para garantizar la calidad de lo que estoy gestionando actualmente, no puedo asumirla hoy. ¿Podemos priorizarla para el lunes o delegar alguna de mis otras responsabilidades?".  
  • 3. Gestionar la autoeexigencia y el diálogo interno (el "jefe interior"): A menudo, el supervisor más exigente es nuestra propia voz crítica. Ponerse límites a uno mismo significa reconocer que el descanso no es un premio que se gana tras el agotamiento, sino una necesidad biológica básica para seguir siendo funcional y creativo. Aprender a bajar el nivel de autoexigencia y cuestionar los "debería" rígidos es fundamental para prevenir el colapso.

Conclusión: El camino hacia un bienestar laboral sostenible

Reconocer que el trabajo está invadiendo espacios vitales es el primer paso para el cambio. La intervención psicológica en estos casos no solo ayuda a gestionar los síntomas de ansiedad asociados a la falta de límites en el trabajo, sino que dota la persona de recursos adaptativos para recuperar el sentido de autoeficacia y prevenir que el agotamiento se convierta en un problema crónico.

¿Sientes que el trabajo te está sobrepasando? Diseñamos planes terapéuticos a tu medida para que vuelvas a ser el dueño de tu tiempo.

Victor Planells
Firmado por Víctor Planells Psicólogo general sanitario